Productores de harina en acuerdo estilo mafias PDF Imprimir E-Mail


Por Edgardo Ayala

 

SAN SALVADOR - Ya es oficial: las dos empresas productores de harina del país, Molinos de El Salvador (Molsa) y Harinas de El Salvador (Harisa), jugaron sucio y pactaron acuerdos para dividirse el mercado de la harina de trigo, afectando a los consumidores de pan francés, pan dulce, pastas y galletas, entre otros.

 

Mediante ese acuerdo oscuro, que ha venido operando desde el 1 de enero del 2006, Molsa se quedó para sí con el 55% del mercado, y le dejó a Harisa el 45% restante, en una industria de unos $200 millones aproximadamente. Las empresas constituyeron lo que técnicamente se conoce como “cártel”, al estilo de las mafias. Molsa ha sido multada con $1.9 millones y Harisa con $2 millones.

 

Ese ha sido el fallo final de la investigación que de oficio inició la Superintendencia de Competencia (SC) el pasado 1 de abril. Y fue hasta el 4 de septiembre pasado cuando informó del resultado final: las dos empresas pactaban su participación en el mercado, anulando la competencia entre ellas y manteniendo los precios de la harina de trigo artificialmente altos.

 

Funcionarios de la SC obtuvieron órdenes judiciales para allanar de manera sorpresiva las oficinas de los ejecutivos más importantes de ambas compañías, un hecho sin precedentes en este país. De ese modo se quedaron con documentación física y digital que, tras ser analizada y cotejada, brindó las pruebas contundentes que condenan a las empresas.

 

Corleones guanacos

 

Se halló informes en las computadoras de los gerentes de mercado de las dos empresas, y hasta del presidente de Molsa, en los que se evidencia el intercambio de información sensible: ventas totales anuales, etc., todo esto, a fin de repartirse adecuadamente el mercado.

 

Las dos empresas diseñaron un mecanismo de ajuste o compensación financiera, que aseguraba que cada quien se quedaba en efecto con su tajada del mercado. Si una de las dos empresas no vendía los quintales necesarios para asegurar, digamos el 45%, en el caso de Harisa, la contraparte, o sea Molsa, le pagaba a $5 por el quintal no vendido, eso era el “ajuste”.

 

Veamos este ejemplo, que de hecho sucedió: se descubrió un informe del presidente de Harisa en el que él calculaba que en el 2007 esa empresa dejó de vender 42,406 quintales para alcanzar el 45%  de “su” cuota de mercado. Entonces Molsa le pagó el ajuste de $5 por quintal, es decir, alrededor de $200,000 dólares. En otro caso citado por la SC, es Harisa la que le paga a Molsa.

 

El manoseo del mercado que hicieron Molsa y Harisa tiene especial importancia, pues ese rubro, la harina de trigo, es el ingrediente principal del pan francés, omnipresente en la mesa de los salvadoreños en los desayunos y cenas, así como el pan dulce, las pastas y las galletas.

 

Es decir, justo cuando la crisis económica golpea fuerte, y cuando los salarios ya no alcanzan para comprar los alimentos básicos, vienen los directivos de Molsa y entran en contubernio con la contraparte Harisa, para sellar el acuerdo ya señalado.

 

La SC citó información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares en la que se revela que la dieta del salvadoreño está dominada principalmente por pan y cereales, y que el gasto promedio mensual de pan, en un hogar, alcanza los $31.

 

La SC citó también estudios en los Estados Unidos que revelan que cuando dos empresas pactan un acuerdo de mercado y de precios, el costo de los productos se incrementa en un 10%. Lo que hace suponer que, de esos $31 mensuales gastados en pan francés, cada familia salvadoreña consumidora de ese producto ha pagado al menos un sobreprecio de $3 mensuales.

 

Con más de 47 años de vida, Molsa siempre ha sido vista como una de las empresas más exitosas del país. Es parte del poderoso Grupo Salume, dirigido por empresarios de esa familia, con intereses en el sector de alimentos y bebidas (Mister Donut, la cadena de pollo frito y pizzas Nash, Pepsi, Dr. Pepper, etc., y más recientemente ha incursionado en el sector inmobiliario, con el proyecto La Joya Marketplace, en la carretera al Puerto de La Libertad, en el que ha invertido $13 millones). También la familia Simán tiene intereses en Molsa.

 

ContraPunto intentó conocer la versión de los ejecutivos de Molsa, pero no se logró.

 

Ahora ha quedado evidenciado que los Salume y Molsa se aprovecharon de que el mercado de las harinas es controlado por ellos y Harisa, es decir un mercado duopólico, y sellaron el pacto, con nefastas consecuencias para el bolsillo de los consumidores.

 

Un empresario del sector del pan, que pidió omitir su nombre, dice que Molsa había maniobrado deslealmente desde tiempo atrás para controlar el mercado. Cuando una empresa guatemalteca entró al país con harina más barata, Molsa se fue a Guatemala con harina más barata aún y botó los precios de allá. Eso les permitió lanzar la amenaza estilo mafia: no se metan en El Salvador, y nosotros no nos metemos en Guatemala.

 

Los panaderos se habían venido quejando en años y meses pasados del alto costo de la harina de trigo, que había venido subiendo desde 1995, pero con incrementos alocados desde 2007, cuando hubo cuatro aumentos. Y ahora en 2008 ha habido ya unos cinco aumentos y el precio del quintal de harina subió estratosféricamente en más del 300%.

 

En esa coyuntura, cuando incluso los panaderos artesanales realizaron a principios de año una marcha en protesta por esas subidas de precios, Molsa mantuvo en campos pagados que esos incrementos se debían al aumento en el mercado internacional del precio trigo, la materia prima de la harina.

 

Y lo afirmaba cuando ya operaba el acuerdo que le permitió subir artificialmente los precios, o sea, con la desfachatez del marido que jura a su mujer que no le es infiel, justo cuando viene de verse con su amante.

 

Daniel Mendoza, encargado de compras de Pan Sinaí, la tercera panadería industrial más fuerte del país, señala que en efecto los precios del trigo habían subido en las plazas internacionales, algo que él mismo monitoreaba en la Internet. La tonelada métrica de ese grano llegó a costar $490. Sin embargo, luego fue bajando hasta llegar a $290, “pero Molsa no bajó el precio”, dice.

 

Las subidas del precio de la harina son en general trasladadas por los panaderos a los consumidores finales. Pero hay un techo, y se suben mucho se arriesgan a salir del negocio.

 

Una torta alemana de 450 gramos de Pan Sinaí que antes de esas subidas desmedidas costaba $0.10 centavos, de repente subió a $0.14 y más tarde a $0.20. “Cada una de esas subidas de precio significó una contracción grande en el negocio”, agrega Mendoza.

 

Otro empresario de una panadería industrial, que omitió su nombre porque compra la harina directamente a Molsa, señala que fue en el período de enero a abril de este año cuando se sitió el “socón” más fuerte, y él supo de cierres de panaderías. Su empresa se vio obligada a aumentar también algunos precios de sus productos, y las ventas cayeron aproximadamente en un 20%.

 

Pero ha sido el sector de panaderos artesanales, que hacen el pan francés, quienes han sufrido el golpe más fuerte, a su vez trasladado a los consumidores: Uno ahora obtiene menos panes, y hay que comprar más.

 

Dado que sus volúmenes de ventas no alcanzan los niveles industriales, los panaderos artesanales no son objeto de algún precio preferencial por parte de Molsa o Harisa, que sí lo tienen las panaderías grandes. Así que tienen que comprar la harina con el distribuidor, y eso sale más caro.

 

Cifras oficiales señalan que de las 1,539 empresas que conforman el sector panadero, 90.8% son negocios artesanales, un 1.4% son empresas medianas y sólo el 0.5% son grandes o industriales. Unas 15 mil personas trabajan en el sector.

 

Molsa y Harisa pidieron el 12 de septiembre una revisión de la resolución final de la SC, de modo que las multas están en suspenso. Incluso pueden recurrir después a la Corte Suprema de Justicia, y allí el caso podría empantanarse por mucho tiempo, como ya está sucediendo en el caso de la transnacional Shell, que ya lleva un año sin pagar la multa impuesta por la SC por zonificación de precios del combustible.

Comentarios
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Marcos el Unico Unregistered | 2008-09-22 17:20:08
Ahí tienen, la realidad de nuestro pais, de toda la vida, el oligopolio, con el cemento cessa, TACA, insumos agricolas ( Fertica y Unifersa ) y muchos productos más, He estado leyendo la plataforma politica del FMLN; del partido que supuestamente vela por los intereses de las grandes mayorias y veo que noquieren hacerle entrada al tema de los monopolios, Sera Miedo o no les conviene.
Chucho - Ladrones!!! Unregistered | 2008-09-22 17:27:14
La labor del gobierno Bush de adquirir para el Estado todo ese renglón de entidades financieras quebradas por la crisis, nos demuestra que con el objetivo de sanear la macroeconomía, la nacionalización de empresas privadas es una medida económica, saludable y políticamente válida.

La adquisisción de empresas privadas incapaces de cumplir sus compromisos mercantiles o de producción, es bueno que sean estatizadas.

La estatización de empresas que cometen fraude en perjuicio de los consumidores, sean éstos intermediarios o minoristas, es una necesaria medida para el saneamiento de la economía salvadoreña, ante todo como una medida que nos ayude a enfrentar la actual crisis mudial bajo la que estamos.

Empresas que en reiteradas ocasiones han tenido ganancias millonarias mediante fraudes en perjuicio de los consumidores, tales como Molsa, Harisa, Tropigas, y distribuidoras de combustibles, deberían ser nacionalizadas, no sólo multadas!

A propósito! En el mercado internacional, el barril de petróleo ya cayó bajo la barrera de los 100 dólares! La pregunta es: se ha trasladado ya la diferencia de precios a los consumidores salvadoreños?? Lo más ...
Jota Erre - ¿y què podrìamos esperar? Unregistered | 2008-09-22 17:52:39
La complicidad del gobierno a estos robos al pueblo, debe ser investigada a fondo. La multa que se les ha impuesto, deberìa ser mayor y adem+às a obligarlos a que en la proporciòn que han incrementado sus utilidades, deben rebajar durante , un año, digamos, los precios de sus productos.
Tambièn deberìan de hacerlo con las petroleras. Y ojo, No serìa raro que estos acuerdos, tengan de padrino algùn ministro o hasta el propio presidente.
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